lunes, 4 de agosto de 2014

Una vida -real- de amor y guerra



Fotografía tomada en Pusan, durante la Guerra de Corea
... 2006

Cada mañana José Helí Rojas se levanta temprano con un tinto (café colombiano) que su esposa le lleva cariñosamente a la cama*. Enciende la radio en una de esas emisoras que parece sacada de un pasado remoto y escucha su música favorita, boleros y bambucos. Ciudadano colombiano, padre de ocho hijos y abuelo de catorce, lleva una vida tranquila entre las letras de los libros que él mismo escribe y el cariño de una numerosa familia a la que ha visto crecer a su lado.

Su comida favorita es, como él dice, “toda la que prepara mi mujer”. Quien lo conoce ahora, en la tranquilidad de su hogar y de su rutina de escritor, no alcanzaría a imaginarse que él ha sido “una persona muy arriesgada”, como lo describe Jenny, una de sus hijas. Arriesgó la vida en Corea y arriesgó su vida de nuevo por el amor de su vida, su esposa Beatriz.

José Helí creció en el área rural de Albán, un pequeño pueblo en el departamento de Cundinamarca, Colombia. Al igual que sus hermanos, alternó los estudios de primaria y bachillerato con las labores agrícolas que la finca de su padre demandaba.

Un ambiente familiar de mucha unión y visitas infaltables a misa marcaron su infancia. Como él asegura, “nos criábamos en un estado de religión inculcada por los padres, todo era ancestral, ellos se encargaron de infundirnos mucho temor, por el mismo respeto que había que tener hacia las normas de la religión”. Tanto influyó la religión en su vida que llegó a querer ser cura. La idea le duró poco, sólo hasta un día en que un sacerdote le dijo que no tenía vocación, por ser tan “fiestero” y burlón.

Desde niño amó la literatura, que se constituyó en una “inquietud en su vida”, como él mismo afirma. Escribió desde los 13 años. Se inspiraba especialmente en la naturaleza para escribir poemas, cuentos y novelas.

A los 17 años viajó solo a Bogotá a terminar el bachillerato. Allí mismo, ingresó a la Escuela de Sanidad Policarpa Salavarrieta, donde prestó el servicio militar y estudió enfermería, “de 150 aspirantes a ingresar sólo pasamos 82”, recuerda con orgullo. Como enfermero prestó su servicio en varios hospitales de Bogotá. Fue soldado del ejército y luego entró a conformar las filas de la nueva Policía Militar. Gracias a este trabajo logró ahorrar y comenzar a estudiar en la Escuela Nacional de Contaduría.

Después de haber terminado sus estudios, por un desafío de uno de sus compañeros de Sanidad: “va la madre pal que no se vaya pa’ Corea”, decidió presentarse para ir a la guerra junto con otros amigos. Todos entraron al Batallón Colombia, pero sólo viajaron dos. De esos dos sólo regresó él.

En el barco de ida a Corea se desempeñó como escritor para el periódico del barco. Escribía casi todos los días para publicar en este medio, dirigido principalmente al público puertorriqueño y colombiano.

Él recibió entrenamiento por un mes como soldado en Pusan. Comenzó como zapador, fue el momento de guerra en que más sufrió: “yo conocí realmente el miedo… al zapador en guerra lo llaman “el hombre de sacrificio” porque es el que va delante de la patrulla limpiando minas y trampas… uno va con un detector de minas, tratando de localizarlas para desactivarlas”. Pasó dos meses en esa labor en invierno, con misiones muy peligrosas. Después de una reestructuración del Batallón, se desempeñó como director de enfermeros.

La escena de guerra más dolorosa la recuerda él del 25 de enero de 1953. Con su tropa llegó en tanques M39 en ascenso hacia un cerro, recibiendo impactos de ametralladoras y morteros. Estuvo allí desde las 10:30 am hasta las 5:30 pm. Su misión como enfermero, después de haber tenido que correr de los proyectiles para salvar su vida, era curar heridos y agrupar muertos. Las imágenes más terribles de ese día eran las de los soldados heridos, había demasiados y en muy mal estado; algunos de ellos eran colombianos, otros eran puertorriqueños y estadounidenses. Se lamentaban de dolor, maldecían y pedían que fueran enviados saludos a sus familiares en caso de no sobrevivir.

En medio de la adversidad de la guerra, lo que más tranquilidad y fortalecimiento le proporcionaba eran las cartas que recibía del país. “Esa dicha de recibir una carta, era como recibir una visita”, de sus hermanos, de su mamá y de sus amigos.

A la izquierda, José Helí lee una de las cartas que le han enviado desde Colombia
En total, José Helí vivió 14 meses fuera de Colombia. En general, cuenta que en la guerra “son muchas las tristezas que se pueden tener… especialmente sentirse uno lejos de la casa […] viví muchos momentos de tristeza, de aburrimiento y hubo momentos en que me pesó haber ido, pero nadie me obligó, fui yo mismo por mi voluntad, quería conocer qué era la guerra, cómo era”. Él quería satisfacer la curiosidad que las descripciones radiales de su época hacían de la Segunda Guerra Mundial. Logró sobrevivir al intento, pero debió ver la muerte de muchos de sus compañeros. Ahora él siente que fue su fe en Dios lo que lo salvó de perecer en un país tan lejano.

Después de lo vivido se convirtió en autodidacta del psicoanálisis. Durante sus experiencias como director de enfermeros detectó patologías en los soldados que, según él, eran causadas por temor: “había ciertos estrabismos, parálisis en brazos, piernas… no tenían ninguna herida, no habían recibido ningún golpe, yo creía que tal vez era una cuestión mental… y de ahí nació mi interés en investigar en la psicología. […] Buscando entre autores, encontré un libro que trataba sobre las enfermedades psicosomáticas y fue ese libro el que me orientó, era de Gustav Jung”. A través del psicoanálisis él logró comprender diversos procesos que afectan la salud mental de las personas. Descubrió su pasión por el psicoanálisis, dedicándole 5 años al estudio de las escuelas freudiana, lacaniana, entre otras.

Recién llegado de Corea vio por primera vez a Beatriz. Él llegó a Sogamoso, Boyacá, a llevar la contabilidad de la siderúrgica Paz del Río. Un día en una calle vio “una monita con cola de caballo”** que le impactó. Quedó flechado. Como en las mejores historias de amor, todo coincidió para que ellos pudieran conocerse.

Más adelante, el padre de Beatriz pasó de ser amigo (mecanismo que el joven enamorado empleó para acercarse a ella) de José Helí a enemigo, por haberse involucrado con su hija. Hasta contrató detectives para que siguieran a la pareja. Por esto encontraron la forma de comunicarse en secreto a través de cartas en inglés.

Un 8 de enero se casaron a escondidas. Él le dijo un día, cuando ella tenía 17 y él 25 años, “nos casamos hoy o nunca” y así se escaparon junto a unos amigos cómplices hacia Tibasosa, Boyaca. Allí tuvo lugar la boda. Luego huyeron hacia Bogotá, pero allí dos detectives los llevaron presos debido a que el padre de Beatriz los había denunciado por rapto y fuga.

Finalmente, lograron salir gracias a la ayuda de un excompañero de José Helí, que se encontraba trabajando en el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC). Ahora lo sucedido es algo que les causa risa a él y a su esposa. Después de 51 años de casados, ella destaca “lo cariñosos que es aún conmigo y que siempre procura satisfacer mis deseos”. La violencia de la guerra no disminuyó la capacidad de José Helí de expresar afecto, es un padre, abuelo y esposo consentidor.

Beatriz y José Helí juntos en la actualidad
El año pasado (2005) publicó un libro en que narra sus experiencias en la guerra, titulado Después del Meridiano 180°. Su estilo se caracteriza por el uso de gran cantidad de recursos literarios, con un tono muy descriptivo. Escribió la novela ¿De qué lado estamos?, que está lista para ser publicada (2006). Actualmente está escribiendo otra novela, ¿Para dónde van?, en la que narra las problemáticas de pobreza, exclusión y desplazamiento forzado que se viven en Colombia; además hace una fuerte crítica al catolicismo.

Siempre se ha caracterizado por ser un buen padre y esposo; de acuerdo con Beatriz, “a pesar de las dificultades que hemos tenido, él siempre ha sido muy responsable con el hogar”. Trabajó muy duro para el mantenimiento de su familia que incluyó un total de ocho hijos y que ha crecido, hasta el día de hoy (2014), a casi una treintena de nietos. Actualmente vive de su pasión por la escritura y de su pensión como veterano de guerra, rodeado de lo que más lo hace feliz: la paz de su casa y la armonía con su esposa.

(Un paréntesis que no puedo dejar de añadir: esa maravillosa pareja de enamorados y guerreros son mis amados abuelitos. Soy feliz de pensar que de una u otra forma llevo conmigo ese espíritu aventurero y libre y la valentía y fortaleza de ese gran amor que ha superado la adversidad y más de 60 años de existencia. Con un amor así, ¿cómo no querer volver siempre a las raíces, al nido cálido que siempre está a la espera?).



* Para quienes conocen la cultura colombiana saben que una de las acciones más significativas de demostración de afecto en pareja o entre familiares es la preparación de un café para alguien a la mañana.

** ”Monita” en Colombia se le dice a las rubias y la “cola de caballo” hace referencia al peinado que llevaba la rubia.

domingo, 6 de julio de 2014

De madrastros y padrastras

... julio de 2014
¿Se han preguntado por lo que sienten o piensan de su rol las madrastras y los padrastros? Siempre se habla del sufrimiento de los hijos de padres separados y, por supuesto, de los duelos que deben afrontar quienes se separan, pero ¿qué pasa con las personas que entran en escena sin haber sido parte del conflicto? Me atrae el tema porque aún permanecen vivos imaginarios populares que asocian a las madrastras con personajes tales como brujas o seductoras malvadas que llegan a generar discordia y separación entre el padre/madre y sus hijos. La realidad social está completamente distorsionada al respecto y los cuentos infantiles más tradicionales han aportado lo suyo al fortalecer la permanencia de esta distorsión.

Estas expresiones, símbolos y representaciones a veces descubren la otra cara de la moneda: incertidumbre, tristeza y conflictos para quienes, sin quererlo y sin buscarlo de esa forma, deben desempeñar ese, la mayoría de las veces, ingrato rol en la nueva configuración familiar de las parejas que han elegido. Hay excepciones, por supuesto, pero la regla se caracteriza por la incomodidad y el malestar.

Sólo por curiosidad busqué imágenes por google bajo el término “madrastra” y los íconos predominantes fueron las siguientes:





No ocurre lo mismo cuando la búsqueda se filtra por la palabra “padrastro”, tal parece que, culturalmente ellos no se representan como personas tan malévolas como sí sucede en el caso de las mujeres. Hasta en estas extensiones de las familias, las representaciones del rol acarrean diferenciaciones de género, en las que unas son malvadas y los otros no lo son tanto.

Admitámoslo, las madrastras tienen siempre las de perder y muy especialmente cuando la relación entre su actual pareja y la madre de sus hijos es negativa. Cuando las ex son conflictivas las madrastras terminan pagando los platos rotos. Lamentablemente, vivimos en una sociedad en la que las personas son tomadas como medios y no como fines, siendo en estos casos los hijos usados como “un medio para la propia consagración personal, social o familiar”*, y por supuesto, económica.

En los casos en que la participación de la madrastra es más alta debido a una mayor permanencia del hijo de su pareja en casa, no es bien visto que ella corrija con ahínco comportamientos negativos del niño, por la simple razón de que “ella no es la madre”. Pero, de otra parte, es mal visto si ella prefiere no intervenir y deja que su pareja se encargue de corregir a su hijo solo. Esto por considerarse que “no está colaborando en la educación del niño”. Y esta es tan sólo una parte del conflicto interno que debe vivir la madrastra: “¿estoy actuando correctamente? ¿Cómo debo hacerlo? ¿Por qué siempre debo ser juzgada injustamente?”.

Pero, supongo, no todo es malo para la madrastra. Suma el hecho de que su pareja ya viene con algo más de conocimiento para sobrellevar la crianza de un nuevo hijo (por ensayo y error). La experiencia previa le brinda herramientas para apoyar a su nueva pareja. Claro está que la magia y asombro de la primera vez es algo que ya no podrá ser compartido.

En definitiva, el mejor consejo, chicas, es el de engancharse con hombres sin líos no resueltos con sus anteriores relaciones. El que tengan hijos, en especial pequeños, puede ser una señal de asuntos sin resolver, una forma de “olor a problemas”, de “huye a tiempo”. Pero bueno, suena muy fácil así dicho y escrito, ya lo dijo aquél conocido escritor, “como si se pudiera elegir en el amor”.


* Sinay, Jorge. "Intentos de enmendar errores del pasado", en Diario La Nación, domingo 6 de julio de 2014.

jueves, 3 de julio de 2014

Y la Copa Mundial es para... ¡¡las mujeres sustentables!!

... julio de 2014
Aprovechando los temas mundialísticos, ¿qué tal si las mujeres proclamamos nuestra posesión de la copa? Esto en realidad es un juego de palabras, pero ya voy a explicar de qué se trata.




Últimamente me he preguntado por qué no hay un ítem o sección de género en el listado de factores que se tienen en cuenta para la medición de la huella de carbono de cada persona. No por plantear culpas innecesarias diferenciadas en uno u otro caso, sino por generar consciencia acerca de las implicancias de la forma en que convivimos con nuestros propios impactos sobre el planeta. Por ejemplo, estoy segura de que no todas las mujeres nos hemos cuestionado acerca de los impactos que producimos en el ambiente y en nuestra salud como resultado de la manera en que asumimos nuestros propios ciclos naturales. Sin más rodeos, me refiero a la toma de consciencia sobre la cantidad de desperdicio que se produce como resultado del uso de herramientas, como tampones y toallas sanitarias, para sobrellevar nuestros períodos femeninos.

Es importante que las mujeres asumamos de una vez por todas nuestra responsabilidad frente al tema –esto sin mencionar también nuestra responsabilidad como madres a través de la decisión de usar los contaminantes pañales descartables con nuestros bebitos. No podemos sugerir que es por falta de opciones, menos aún hoy en día, porque estaríamos sosteniéndonos en una gran falacia. Pero, peor, no podemos culpar por falta de información, pues salvo que vivamos en una comunidad desconectada de los grandes medios de comunicación, tenemos acceso a informarnos con mucha facilidad desde nuestros hogares. En resumen, si seguimos siendo no sustentables en la manera en que llevamos nuestros ciclos es a causa de falta de interés en buscar otras opciones (indiferencia) o porque simplemente no nos interesa o no queremos (apatía). Esto descartando algunas culpas fundamentales a quienes inventaron estos sistemas de "absorción", que seguramente fueron hombres.

Hay algo claro: las mujeres podemos decidir frente a la manera en que asumimos nuestros ciclos naturales. Asusta enterarnos de cifras como que en un año las mujeres del país (Argentina) consumimos en toallitas y tampones el equivalente a 10.140 toneladas de pasta fluff. Esta pasta, lamentablemente, se produce a partir de los de los árboles de monocultivo. En pocas palabras, estamos arrasando con la selva misionera y así, seguramente, somos también responsables de haber arrasado con ecosistemas completos por todo el planeta. Además, no olvidemos la cantidad de desechos no orgánicos que con su uso vamos dejando, sólo para mencionar una cifra: en Argentina las mujeres consumimos 3.380 millones de unidades de toallitas y tampones al año, sumemos esto a los desechos de todas las mujeres del planeta que usan estos métodos (¡una toallita dura 500 años en degradarse¡) y, si somos lo suficientemente conscientes, nos vamos preocupar. Es por todo esto que un día decidí informarme y cambiar definitivamente la manera de vivir cada mes mis ciclos, al igual que otras más de 2.000 mujeres lo han hecho también en el país durante los últimos 5 meses. 

La alternativa es la copa menstrual. Suena a un producto nuevo pero no es así. Existe desde los años 30 y en los países más avanzados es una herramienta que millones de mujeres usan desde hace años sin riesgo alguno para su salud y con la certeza de que no están acabando con bosques ni sumando al exceso de desechos que las tradicionales toallitas y tampones dejan al planeta. ¿Por qué no es tan popular como los otros métodos? Porque a los empresarios que los producen dejaríamos de comprarles mes a mes sus productos, pues una sola copa tiene una duración de más de 5 años. Una cosa más, con la copa se terminan los cambios constantes durante el día o la noche cuando estamos en esos días; la podemos llevar por hasta 12 horas sin necesidad de cambio y realizar cualquier actividad deportiva o de movimiento. Y aún mejor, previniendo infecciones, olores y otras consecuencias negativas que el uso por años de tampones y toallitas puede causar a nuestro cuerpo.
Así que, ¡mujeres!, ¡vamos por la copa! ¡es nuestra!

 
Un poco de publicidad: la organización social y comercial Cíclica está produciendo la copa en el país. Ésta se alió con Banco de Bosques y por cada copa vendida la organización se compromete a proteger un metro cuadrado de bosque nativo. La copa la consiguen en Capital Federal en la tienda de productos sustentables La Posta Eco: www.facebook.com/LaPostaEco

martes, 29 de abril de 2014

Espionaje y labor periodística en el caso Watergate

... abril de 2014

Watergate es el más famoso caso de escándalo político en Estados Unidos. Es considerado el mito de un reto de la libertad de prensa al poder político. Las consecuencias de una investigación periodística de dos hombres del Washington Post ocasionan la salida del presidente Richard Nixon, en 1974. ¿Qué implicaciones trae para la labor periodística una investigación de este tipo? ¿qué papel tiene el periodista en medio del juego de intereses y al hacer públicas denuncias contra los grupos de poder?.

Estos interrogantes evocan posturas divergentes en cuanto a la libertad del periodista en su trabajo investigativo. Cuando se tocan temas sensibles o que afectan los intereses de los grupos de poder, la libertad periodística se ve limitada. Pocas veces este tipo de información sale a la luz y cuando esto ocurre es mejor acercarse con cautela y con una conciencia crítica frente a lo que puede estar ocurriendo en el trasfondo, en lo que no se logra observar del todo. Lo ‘normal’ es que situaciones que pueden llegar a ser escandalosas en la arena política sean bien encubiertas por expertos. Un periodista que desee examinarlas debe ser también un experto y tener los contactos necesarios, de lo contrario puede resultar engañado.

A continuación, describiré brevemente algunos detalles de la investigación de Bernstein y Woodward dentro de lo ocurrido en Watergate. Luego, mencionaré algunas de las consecuencias que este caso suscitó sobre la labor periodística en Estados Unidos. Finalmente, trataré el tema del papel activo del periodista.

Un poco de historia

El 17 de junio de 1972, cinco hombres fueron descubiertos ingresando durante la noche a las oficinas del Cuartel General del Comité Nacional del Partido Demócrata en el prestigioso complejo hotelero de Watergate. El Washington Post designa a dos periodistas, Woodward y Bernstein, para que se hagan cargo de la investigación del caso.

Los periodistas hacen un seguimiento de lo ocurrido desde esa noche que originó el destape del escándalo. En sus artículos se dan a conocer nombres de otras personas implicadas, pertenecientes a la administración de Nixon y a la CIA.

Los cinco hombres “iban vestidos con trajes oscuros de negocios y todos ellos llevaban guantes de goma Playtex de los que usan los cirujanos para operar. La policía les había intervenido un <<walkie-talkie>>, cuarenta rollos de película virgen dos cámaras de 35 milímetros, ganzúas, pequeñas pistolas de gas lacrimógeno del tamaño de una estilográfica, y micrófonos y aparatos de escucha que parecían aptos para recoger y captar conversaciones por teléfono o que se celebrasen dentro de una habitación determinada”1.

Tres de las cinco personas que ingresaron en Watergate eran cubanos. Durante la primera audiencia, los sospechosos se declararon como <<anti-comunistas>>. Además se decía que tenían nexos con la CIA.

El más importante de los cinco era James McCord, quien además de haber sido agente del FBI, Consejero de Seguridad de la CIA, era el coordinador de seguridad del Comité para la Reelección del presidente Nixon y era oficial de reserva (teniente coronel de la Oficina de Prevención de Emergencias), una unidad que debía “conseguir listas de los individuos sospechosos de radicalismo y ayudar a desarrollar planes de urgencia para la censura de los medios de información y el correo de Estados Unidos en caso de guerra”2.

Los periodistas toman como punto de partida dentro de la investigación los números telefónicos encontrados en dos agendas de los sospechosos. En ella coincidía el nombre de Howard Hunt, quien había sido consejero de la Casa Blanca en la clasificación de los <<Papeles el Pentágono>>.Poco a poco van apareciendo nuevos sospechosos dentro de la administración. A lo largo de este proceso aparece Deep Thoat (o “Garganta Profunda”) como fuente principal.

En 1973, Nixon es reelecto y poco después es declarado culpable por conducta criminal en el caso Watergate y por otros crímenes de la presidencia. A raíz de esto, se ve obligado a renunciar en 1974.

Algunas consecuencias

Este escándalo desató una mayor vigilancia de los gobiernos sobre los periodistas y en general sobre los medios de comunicación. Así, las noticias “peligrosas” para los organismos de poder pasan a ser manipuladas o escondidas para evitar el debate en torno a ellas y sus consecuencias. El riesgo no sólo lo corren los periodistas también los medios de comunicación para los que ellos trabajan, ya sea por prácticas recurrentes y menos riesgosas como las demandas o por otro tipo de prácticas menos éticas como las amenazas o las acciones violentas.

¿Qué tanto riesgo están los medios de comunicación dispuestos a afrontar? El Washington Post se arriesgó y, además de algunas amenazas de demanda, obtuvo un Pulitzer por servicio público y ganó credibilidad entre la población estadounidense. Sin embargo, por lo general no son precisamente premios lo que se obtiene cuando se denuncia una irregularidad de un ente de poder. Por esto, los medios de comunicación y los periodistas prefieren evitarse problemas.

Un amplio debate comenzó en torno a la labor periodística, en especial en cuanto a las acciones investigativas y de “cuasi-espionaje” realizadas por Woodward y Bernstein. Por ejemplo, algunos analistas del caso, como Carlos Ramírez, consideraban que “el Post era una especie de mensajero de una lucha interna en el gobierno y en la administración Nixon. [...]Por tanto, existe la sospecha de que el Post fue parte de una conspiración de poder que iba mucho más allá del periodismo. [...] Los reporteros le dieron estructura periodística a una lucha por el poder en las alturas de la política estadounidense”3.

No es de extrañarse que lo ocurrido fuera fruto de una conspiración coordinada desde adentro. Estas cosas pasan en el seno de los partidos políticos por diferentes razones. Recordemos, por ejemplo, el caso del atentado planeado por Claus von Stauffenberg y un grupo de oficiales del partido Nacionalsocialista alemán contra Hitler.

El debate en torno a Watergate se caracterizó, en general, por la desconfianza. Ésta ya no sólo iba dirigida hacia el presidente Nixon y su equipo de trabajo, sino también hacia la fuente principal de información que guiaba la investigación de los periodistas y hacia la CIA. En ese entonces, la CIA se caracterizaba por tener un fuerte poder de intervención y se rumoraba que ésta se encontraba en desacuerdo con el gobierno Nixon por haber detenido la ofensiva contra la URSS y China.

El papel activo del periodista

Hay varias opiniones acerca de la labor de los periodistas implicados en el caso Watergate que se resumen así:

1) Bernstein y Woodward tenían conocimiento previo del caso: debido a la Ley de Libertad de Información que impulsaba una -a veces desmedida- libertad de prensa en EEUU, los periodistas, en su afán de obtener una noticia que replicara socialmente, favorecieron intencionalmente a quienes coordinaron el complot.

2) Ellos no tenían conocimiento previo del caso:
     - favorecieron, sin saberlo, a los organizadores de un complot (posiblemente la CIA), en contra del gobierno.
     - develaron un caso en el que el gobierno de Nixon es realmente culpable.

El hecho de que un gobierno permita una mayor libertad de prensa pone en riesgo su propia estabilidad. Si un gobierno X no ejerce algún tipo de control sobre los medios de comunicación, éste tiene sólo dos opciones: 1) impedir que en él se cuele la corrupción (lo cual resulta risible); 2) crear estrategias para impedir que la corrupción sea descubierta. Estas dos opciones resultan más complicadas que tomar acciones de control sobre lo que dicen los periodistas. Así, de acuerdo con Chomsky, los medios de comunicación terminan por prestar un “servicio a los intereses del poder estatal y empresarial, que están estrechamente interrelacionados, planteando su información y su análisis de manera que se apoye el privilegio establecido y se limiten el debate y la discusión como corresponde”4.

De otra parte, los periodistas pueden cometer errores en su afán de dar a conocer la “verdad” y resultar favoreciendo, sin saberlo, a otros poderes que los usan y manipulan de acuerdo con sus propios intereses. ¿Qué tal si estos periodistas colaboraron, sin saberlo, en un montaje de algún organismo interno a través del cual se buscaba que Nixon saliera del poder? ¿fueron ellos un medio para que otros poderes lograran un objetivo?

Cabe preguntarse a quién o a qué poder sirvieron realmente los periodistas con su investigación, ¿acaso a los opositores del gobierno de turno?. Es complicado sacar conclusiones definitivas sobre un mito.

Evidentemente, los periodistas enriquecieron el debate y la crítica al mejor estilo de una sociedad abierta; hasta motivaron el retiro de un presidente. Pero lo importante aquí no es “comer entero”, sino intentar esclarecer el por qué de los hechos. Para esto es necesario adquirir respuestas a partir de la confrontación de intereses: ¿qué interés especial tenía Nixon y su equipo al introducir micrófonos en la sede de los demócratas, a costa de poner en riego su investidura? ¿Qué interés había en derrocar al presidente? ¿de quién era ese interés?.

El trabajo del periodista no debe terminar con la investigación de una sola fuente o línea interpretativa de un hecho. Bernstein y Woodward siguieron la línea que Deep Throat les trazó, sin indagar en las posibles causas que motivaban a ese personaje enigmático a guiarlos de la forma en que lo hacía. La verdad fue legitimada con base en lo que una única fuente sugería, esto, a mi parecer, le resta seriedad al papel activo del periodista.

No obstante, en este orden de ideas, el papel activo del periodista no debe medirse en los resultados inmediatos de la labor investigativa. Se mide entonces en términos de su capacidad o función de activador del debate. Es esto lo que lo hace constructor y participante de una sociedad abierta. Los problemas se dan cuando el periodista se equivoca en sus apreciaciones o cuando las consecuencias de su trabajo afectan gravemente a otros; temas a tratar dentro de la ética del periodista.



1 Ver Woodward y Bernstein, All the president’s Men (version en español), p. 18.
2 Íbid. P, 26.
3 Ver Ramírez, La CIA y Watergate, el mito.
4 Ver Chomsky. Ilusiones necesarias: control del pensamiento en las sociedades democráticas, p. 20.