viernes, 3 de mayo de 2013

El "amor" y la resignación

... 2012
Lo peor que puede existir en la elección de pareja y en el amor en general es la resignación. Resignarse a estar con alguien por temor a la soledad, porque se cree que no hay más opción, porque se siente que se está en deuda con esa persona, por pensar que nadie nos amará tanto, por temor, por haber firmado un papel, por dependencia sexual, por razones económicas, por convenciones sociales, por los hijos, por culpa del destino o por la razón que sea, muestra la pobreza de nuestra capacidad de elección a lo largo del tiempo, que es oscilante como todo proceso social y de pensamiento. Puede deberse sólo a una de las razones expuestas o a un híbrido de varias, si en algún momento se llega a tener esa sensación es una señal de que no se ha elegido correctamente o de que el amor, que posiblemente alguna vez existió, se ha terminado.
Hay tanta riqueza en el amor y en la construcción de una vida de pareja que apelar a la resignación resulta una situación lamentable. Elegir una persona con la cual compartir la vida, entre tantos millones de seres humanos repartidos por el planeta, debe responder a nuestra más fina racionalidad emocional y no reducirse sólo a una cuestión de instinto o a la inspiración de nuestros temores e inseguridades. Entre tantas opciones uno debería verlo con claridad, lamentablemente no es lo que suele ocurrir y muchos nos hemos confundido alguna vez. La clave, si es que hay alguna, es ser capaces de abandonar la misión cuando esa sensación aparece, quienes siguen percibiendo sus emociones atravesadas por tan mala consejera inevitablemente han sido deshonestos con sus deseos y expectativas y su posibilidad de experimentar plenitud y felicidad en pareja se verá reducida a cero.
El amor y la resignación son una pésima combinación, pues limitan nuestra capacidad creativa y, peor aún, nuestra capacidad de ser auténticamente felices y libres. Y no puedo declararme una experta, hablo desde la experiencia. He vivido resignada y he renunciado a tiempo, o al menos eso creo, a estar con una persona por dos motivos: sensación de estar en deuda (pues eso me hacía pensar) y temor, esto último a partir de sus reacciones violentas de causarse daño, según él, por mi culpa y mi “maldad”. ¿Hay acaso formas más manipuladoras de generar esa horrible y dañina resignación?, quisiera negarlo, pero sí, así es. La peor y más grave forma de manipulación son los hijos. Hay tanta gente en pareja por dar un “buen ejemplo” a sus hijos, por no dejarlos sin un padre/madre en su crianza, por garantizar la manutención de los hijos y, en especial la propia (por lo que más he visto en multiplicidad de casos recientes), a través del uso obscuro de la paternidad/maternidad como generadora de culpa; en fin, los niños se constituyen en herramienta de algunos y en debilidad de otros al momento de tomar una decisión que atañe a la conservación o no de la unión de pareja. En mayúsculas aparece la resignación.
Ya mucho se ha dicho de las mujeres y nuestro síndrome de “madre Teresa de Calcuta”, que hasta no transformar el árbol torcido no nos quedamos tranquilas. Nos resignamos a creer que enderezarlos es nuestro sacrificio de amor, por favor, ¿quién fue el insensato que se atrevió a decir que los amantes deben ser una manada de borregos sacrificados?. A quién le puede parecer siquiera racional pensar que tener que tolerar al otro porque es visto con los “ojos del amor” cuando sus actitudes y acciones son hirientes y causan daño.  ¿Alguien puede valorarse tan poquito para creer que es eso lo que merece para compartir sus años de vida, que pasan rápido y son pocos? Sí, y es la situación de mucha gente. En realidad he llegado a ver que es la situación de todas las personas que alguna vez han convivido en pareja, por supuesto, dejando el espacio-mínimo- para las excepciones. Todo esto, más allá de cuestionar nuestra ya dudosa capacidad de elección, pone en tela de juicio los imaginarios sociales sobre el amor de los cuales hemos aprendido y que hemos naturalizado en nuestro accionar.

Nota 2013: cito aquí algunas respuestas del psicólogo Walter Riso que complementan la reflexión sobre el tema y que sirven de herramientas para re-pensar nuestras propias vivencias:
- ¿Qué necesita una pareja? "Necesita tres cosas, y las tres vienen de la tradición griega y de la tradición judeocristiana. Necesita deseo ( eros ), atracción, química. Amistad ( philia ), ser compinches, que los indignen las mismas cosas. Y ágape, no entendido como fiesta, sino como ternura, alegría de que el otro exista, de estar juntos. El amor inteligente es un menú que se activa según las necesidades. Se sufre demasiado por amor y no es bueno".
- Tarea: "Busque un banco vacío en una plaza, tome una hoja de papel en blanco y escriba: ¿Por qué no debería quererte? Esto es plantear los no de una relación de pareja, porque los no suponen que uno está medio resignado. Si uno termina con la hoja en blanco, eso significa que la relación con nuestra pareja está muy bien . Pero si la hoja está escrita significa que hay temas que deberíamos resolver [...]".

miércoles, 1 de mayo de 2013

Extraño sueño


...marzo, 2013
Hoy es el cumpleaños de mi madre, la noche no pasó desapercibida gracias a un largo y extraño sueño que tuve mientras dormía. En la oscuridad de una madrugada que sigue las notas en la persiana de una noche lluviosa, he despertado de repente intrigada y sostenida por un hilo de acontecimientos extraños sucedidos mientras dormía. Sí, fue un sueño. Y si bien no logro conectarlo con vivencia, idea o pensamiento alguno de esos que en algún lugar del subconsciente, por razones usualmente irracionales, quedan revoloteando en nuestra mente, puedo decir que me ha dejado fascinada; en especial por encontrar emociones exaltadoras en lugares que desconozco y que eran los escenarios del sueño y en personas extrañas e interesantes, a su manera, que jamás he visto.
Voy con un grupo de personas de edades diversas, hay niños y personas mayores, hombres y mujeres que parecen de diferentes procedencias por su aspecto múltiple. Estamos por un camino que nos lleva hacia una gran montaña, pero nuestro plan no es llegar a la cima, pretendemos llegar al medio de su gran y verde estructura, lugar en el que se encuentran las habitaciones en las que pasaremos la noche. Éstas están en su interior. Siento curiosidad y un poco de ansiedad por llegar y ver cómo pueden ser las habitaciones insertas en aquél lugar, no me imagino su arquitectura y deseo que el camino se haga corto para poder apreciarlas. Sin embargo, no dejo de disfrutar el paisaje, es hermoso. Es una zona montañosa llena de mucho verdor y deshabitada. No hay casas ni caminos además del que pisamos, ni nada que señale el paso de personas por el territorio. Está por llover y por anochecer y debemos acelerar un poco la marcha para alcanzar sin mojarnos la “boca” de la montaña. Ella abrigará nuestro descanso cómo sólo una madre protectora sabe hacerlo. La idea me llena de satisfacción y emoción y no me incomoda que mis compañeros de caminata, en ella mis “hermanos”, no me sean familiares. Lo más hermoso es que todo allí, incluidos los desconocidos, me despierta interés y curiosidad. Siento una linda confianza, sé que son personas amigables y buenas.
Por fin llegamos. Sólo unas pocas gotas han tocado nuestra ropa, por fortuna, sin haber enlagunado nuestros planes. Allí adentro al estar todos reunidos y no en caminata nos vemos más numerosos. La comunidad resulta caótica por unos instantes, en especial por los chiquillos que corren jugando hacia cualquier parte. Yo estoy atenta a ver dónde dormiremos y no deja de sorprenderme el hecho de saber dónde estoy y el que a alguien se le haya ocurrido algún día hacer una estructura así en un espacio como ese. Qué ocurrencias que tienen algunos.
El lugar es cálido, agradable y muy confortable. Sin lujos, rústico y con una evidente pretensión de no hacernos olvidar que estamos en contacto con la tierra, con su calidez, cierta humedad y cierto olor a plantas. Yo me sentía agradecida por esas delicadas sensaciones, pues era consciente de que en mis escenarios cotidianos hay poco acercamiento a la naturaleza y es algo que me resulta de una emotividad e inspiración infinitas.
La noche del descanso dio un salto al día posterior. Resultó que fue un día de descubrimientos: la naturaleza da vida y alberga también a sus demonios. Son ellos seres que están por ahí con la misión de desviar nuestra calma. La tranquilidad lleva a las personas a la pasividad, por comodidad se olvidan de cultivar un poco más. Ellos aparecen para recordarles que hay ideas por movilizar, dificultades por sobrepasar y acciones por realizar. Nos interesamos con mis nuevos amigos en buscar a esos demonios, ocultos en la plaza de un pequeño pueblo, en las habitaciones de la montaña, en cualquier lugar al que vamos.
En la plaza, me asomo por una pequeña barda que se encuentra al lado de una escalera de piedra. Allí veo una niña que al parecer tiene varios rostros en su cabeza, en total conté tres de estos. Lo noto porque está jugando con alguien a girar su cabeza para alternar sus respuestas de acuerdo con cada cara. Verla me aterra, me parece un ser horrible. Se lo comento a una chica de mi grupo y le cuento mi hallazgo. Ella desvía su mirada y cuando doy vuelta a mi cabeza para averiguar qué es lo que ha atraído su atención, descubro que la pequeña está justo detrás de mí, con su rostro o rostros a la atura de mi cuello. No llego a saber cómo subió a la barda tan pronto, ni cómo se sostiene sin caer. No creo que haya escuchado lo que dije, pero me cuesta mucho esfuerzo mirarla tan de cerca sin mostrarle con mis gestos la repulsión y temor que me inspira “su rostro”. Descubro de cerca que en realidad tiene dos rostros, divididos por un par de orejas dobles, muy extrañas. Ella me mira fijamente, yo la saludo y ella me corresponde. No puede evitar mostrar su curiosidad de niña al ver a dos chicas jóvenes y provenientes de otros lugares, no hay maldad en el rostro que nos muestra, pero es difícil sentir comodidad con su presencia. Nos despedimos y ella se queda con su curiosidad frustrada, se nota en su expresión, cuánto rechazo ha de haber recibido en su corta vida y cuánto más que no ha vivido aún.
Un miembro del grupo, un señor cincuentón de barba grande nos propone buscar a los demonios, al parecer, con el tiempo, han aparecido en la naturaleza más de los que deberían estar, esto es más de los necesarios. En un principio, cuando vi a la pequeña, pensé que era uno de ellos, pero me di cuenta que me dejé llevar por su aterradora apariencia y habilidad para trepar. El hombre nos aclara que los demonios pueden estar bajo cualquier forma y en cualquier lugar. Pueden incluso llegar a engañarnos con su belleza.
Poco a poco, mis compañeros van encontrando demonios en los lugares más insospechados. Incluso en la boca de la montaña que nos había albergado. Yo no encuentro alguno y, a cambio, he hecho amistad con varios de mis “hermanos” del grupo. El hombre de barba sabe qué hacer con los hallazgos y todos estamos presentes cuando alguien encuentra uno. Si había algo más aterrador que la niña en la plaza era descubrir el aspecto real de los demonios. Eran seres desagradables en esencia y lo podíamos comprobar cuando el hombre descubría ante todos nosotros su verdadera naturaleza. Cada hallazgo era un triunfo para el grupo y un motivador de bienestar por el trabajo cumplido.
Desperté, sí, mi sueño terminó. No fui buena en la búsqueda. No obstante disfruté el gusto de haber compartido con tan maravilloso grupo, sería lindo conocer a alguna de esas buenas personas de quienes ya ni recuerdo sus rostros.

domingo, 28 de abril de 2013

Del por qué un blog


No puedo creer que por fin me haya animado a empezar esta tarea de hacerme "administradora" de un blog. Hace ya varios años que estaba con el cuentico pero por priorizar otras cosas siempre lo dejaba de lado. Ya varias personas cercanas me habían sugerido escribir algunas de las cosas que decía, pero me limité siempre a dejar algún archivo de word incompleto o a anotar frases sueltas en libretas que ya ni uso. Bueno, supongo que una forma de dejar algo es a través de estos sistemas encargados de guardar cuánta cosa se les da de comer. Esta vez seré yo, o al menos lo intentaré, quien aporte un poco de comidilla al llamado mundo de la "información".
No sé si en este contexto algo de lo que diga sea en verdad de algún aporte, pero es agradable imaginar que a alguien le atraiga leer mis divagaciones y, mejor aún, que haya a quien se le despierten pensamientos e ideas a partir de lo que lee. Aclaro que no hay pretensiones de convencer a alguien de nada y mucho menos de intentar buscar algo como la "erudición", tan sólo el ánimo de plasmar de alguna forma y de comunicar a quién puedan interesar las palabras que revolotean por mi cabeza; una visión más de esta época. Y ojo: no hay que tomarme muy en serio.
No garantizo la continuidad de esta aventura, conozco amigos y conocidos que en un punto abandonan sus blogs por aburrimiento, por falta de tiempo o de palabras, o por la razón que tengan. Yo seguramente no seré la excepción, pero no me quiero quedar sólo con la intención. Así que aquí estoy y vamos a ver cómo voy llenando de "perras negras" (Cortázar) estos espacios; sin esfuerzos y sin pretensiones, como ya bien lo dije.
En principio, subiré textos viejos con alguna mínima edición actual. Espero poder llegar a estar al día en algún momento para que los escritos correspondan con la fecha con la que aparecen.
¡¡Y aquí vamos!!

p.d. Lo sé, hay desorden de fechas, falta edición... digamos que no quiero que cada escrito, independiente del momento histórico en que fue creado, pierda su frescura, impulso ni autenticidad. ¡La letra tal cual!